
Francisco Camps. Imagen: EFE
La crispación vuelve una vez a la vida política española. Esta vez la actualidad nos trae a un Partido Popular sumido en casos de corrupción, espionajes políticos, acusaciones sin sentido y una obsesión por el aquí no ha pasado nada que alarma. Mariano Rajoy, el líder inexistente, continua en su inusitado silencio, mientras las aguas de su partido se enardecen mas y mas cual huracán descontrolado. Y en medio de todo este contexto esperpéntico, nos encontramos con la sorpresa de un juez que salva de la quema a su amigo del alma, aun teniendo pruebas de más de un delito latente. En este punto nos preguntamos… ¿Hasta qué punto es la justicia imparcial? Es triste ver como un principio tan básico como es la justicia se ve manchada por el oportunismo y los intereses más mundanos. No acuso a nadie de ser culpable, pues esa tarea no me corresponde a mí, pero no se puede dar carpetazo a un asunto cuando hay tantas pruebas sobre la mesa. ¿Dónde están ahora las voces que pedían a gritos la dimisión de Bermejo? ¿Por qué a uno lo satanizamos por salir a cazar con un juez, cometiendo la torpeza de pisar suelo andaluz sin licencia; y al otro, acusado de cohecho, relacionado con los principales acusados de la trama, y salvado in extremis por un amigo magistrado, nos empeñamos en defender su inocencia a capa y espada? Hay cosas que no son comprensibles a simple vista, y entonces se nos viene a la cabeza el dicho de “ver la paja en el ojo ajeno”. Es alarmante que este sea nuestro principal partido de la oposición. Y ahora acusamos al gobierno de espiarnos. Se cree el ladrón que todos son de su condición. El tesorero imputado por corrupción y amenazando con tirar de la manta. La comunidad de Madrid sumida en tramas internas de espionajes. El presidente de la Comunidad Valenciana ante los tribunales por cohecho pasivo. Un líder que no actúa como tal y una Secretaria General lanzando acusaciones tan graves que hace comparecer al presidente del gobierno pidiendo responsabilidad. No, no es una de esas telenovelas americanas que nos ponen en la sobremesa. Es el principal partido de la oposición. Quedan aun tiempo para las próximas elecciones. Esperemos que Rajoy, al único que aun respeto en ese partido, sepa dar el golpe de timón justo y necesario y saque a su barco de la zona de las tormentas, pues lo que le sobra a la ya maltrecha democracia española es convertirse en una “monarquía parlamentaria bananera”
Es mi humilde opinión. Pero esto no le importa a nadie. Ya lo decia Juvenal. Panem et circenses…
Lo peor de todos estos casos de corrupción que siempre están salpicando a ambos partidos, es que hay gente que encima los apoya.
Te invito a leer mi artículo:
Las diferencias entre simpatizante y fanático
http://www.terceraopinion.net/2009/08/09/diferencias-simpatizante-fanatico/
Un saludo.